lunes, 10 de noviembre de 2008

Espejos de la memoria 13: Anaïs Nin

Relatar la vida como una gran obra
.


...Hay libros que se recuerdan como películas, gracias la potente capacidad evocadora de sus creadores. En mi mente deambulan los bohemios que habitaban París a finales de la década de los 30, sus reuniones en casa de alguno de ellos, la humanidad y temperamento de otros.

Casi de manera compulsiva, Anaïs Nin (Neully, Francia, 1903- Los Ángeles, 1977), comienza a escribir desde los 11 años una serie de diarios. De su etapa infantil o diarios primeros, le siguen los de la adultez, comprendidos entre 1931-1975 (aproximadamente). Los manuscritos alcanzan a unos 35 mil folios, lo que se traduce en una empresa titánica para un escritor.

Si bien es cierto que se dedicó a escribir relatos eróticos y novelas, lo mejor de su pluma se encuentra en dichos diarios, que siguen siendo, aparte de su narración íntima, una interesante crónica de un época y un espacio, profundamente creativo.

Son hermoso los episodios en los que narra su amistad con Jean Cocteau, además de la calidez con las que nos entrega su retrato del artista. Las descripciones de estas personalidades resultan sugerentes en su mayoría, y por lo que se presume, acertadas, como la que hace del padre del surrealismo:

"No podría encontrarse algo más surrealista que el propio André Bretón, con toda esa dignidad y ese ingenuo porte regio que tiene, con su largo cabello cepillado para mostrar su rostro de león, sus ojos grandes y sus rasgos osados, inclinándose a besar mi mano".

Nin nos entrega en los diversos tomos de sus diarios, sus memorias como protagonista directa del Zeitgeist (espíritu de un tiempo) en la que la sombra de la Segunda Guerra amenaza nuevamente a Europa, dejando a su vez poco espacio para el optimismo, y dándole vuelta a los fecundos ismos a los que pertenecían.

Pero en mayor o menor grado, los humanos sentimos debilidad por las anécdotas no oficiales (desde un perfil humano hasta el cotilleo puro y simple, pero refrescante) acerca de los grandes artistas.

Cómo olvidar el capítulo en la que la autora narra su estadía junto a Miller en una mansión en el campo en Hamptom Manor (EE UU), en la que de repente llega Dalí junto a su "insoportable" esposa Gala, que les ordenaba comparar pinturas cuando iban a la ciudad o hacer silencio mientras éste pintaba: "La señora Dalí nunca alzaba la voz, nunca se preocupaba po seducir o agradar. Daba por sentado, sin decirlo, que todos estábamos allí para servir a Dalí, el gran indiscutible genio".

Quedan registrados en sus páginas su cercanía con el psicoanálisis, de la mano de Otto Rank, discípulo de Freud, su famosa relación con Henry Miller, pero también desfilan personajes como Antonin Artaud, Alejo Carpentier, Charles Chaplin, Julio Cortázar, Lawrence Durrel o Margarite Duras, entre otros.

En otro capítulo, hace un esbozo de su breve encuentro con James Joyce, al que luego describió como malhumorado, adjudicándole parte de ello a que éste sufría de triquiasis, una patología que hace que las pestañas nazcan hacia dentro.

Como si fuesen fotogramas me quedan las escenas de la construcción de la pequeña imprenta en el estudio, o aquella otra en la que invita a sus amigos artistas a pintar las ventanas de su piso, a manera de vitrales. Me pregunto, quién habitaría luego ese piso, que otrora fue convertido en una pequeña catedral para la creación, imagino a la casera o el casero, echando abajo las ventanas. Dichas ventanas aún se sostienen, y por las tardes les atraviesa la luz, para eso está la memoria, recogida, en algunos miles de libros.


4 comentarios:

Rocío Conesa dijo...

Muy chulas las fotos y el post!

Ulisa dijo...

Entre historia y bohardilla, entre café y poeta.

Lindisima forma de contar el tiempo.
Me gusta la luz entre tus letras.

Saludos desde Bs As.

Jackelyn dijo...

Hola Claudia, Te estuve leyendo y realmente esta interesante tu blog, Un placer conocerte y sera un lujo seguirte, Muchas bendiciones

Juan Pardo dijo...

Hermoso texto y mágico blog.T invito a seguir el mío.Saludos poéticos.