lunes, 26 de mayo de 2008

Espejos de la memoria 8- Oscura y luminosa Gothessa

Acento en el brillo.
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En uno de mis post hablo de jóvenes chicas talentosas que en aparecen en el portal Devianart, luego de la fresca Duhitsmia está Gothessa, otra chica de 18, esta vez rusa, con una banda de música, que también apuesta por el autorretrato constante. Al igual que la primera, pero por diferentes vías, también hay juego, representación del mundo que le es afín.
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Para caer en el cielo.
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Natalia Drepina es su verdadero nombre, a pesar de su estética y concepción gótica, logra también un toque naif que le quita hierros a lo intencionadamente oscuro, una mezcla de inocencia en busca de profundidad.
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A través del vidrio.

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Amo la estética de los Góticos, su exagerada teatralidad, la ropa, el elaborado maquillaje, la verdad es que le da color a los seres aburridos que habitamos en las ciudades, todos con vaqueros y camisas, más o menos. De adolescente experimenté una corriente parecida, apadrinada por la banda The Cure, en la que el negro era mi color, mis dedos con inmensos anillos de plata y colgantes barrocos colgaban de mi cuello.

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Not blind eyes can see.

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Se retrata siempre hermosa, impecable y arregladísima, una Lolita de lo negro, apuesta por el manejo digital de sus fotografías para resaltar detalles y potenciar algunas búsquedas surrealistas en muchos de sus trabajos. En la primera foto vemos cómo se desdibuja el rostro y solo saltan los irreales ojos verdes, profundos y hermosos y unos labios como geisha. También me gusta mucho la que aparece detrás del vidrio corrugado, una especie de sueño o red en la que está atrapada, un recurso tan sencillo y a la vez tan efectivo en sus resultados. Gothessa tiene un gran dominio de su cámara y de los escenarios en los que habita su mente. Luz y oscuridad en su concepto, aunque la primera, no se intencionada.
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Imaginación roja.

Imágenes: ©Gothessa
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sábado, 10 de mayo de 2008

Espejos de la memoria 7- Amélie Nothomb:

'El hambre soy yo'
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"Soy una gran fetichista del chocolate y puedo comer
cantidades monstruosas. Ni siquiera hace falta que sea bueno".
Amélie Nothomb
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...La primera vez que leí a la escritora belga Amélie Nothomb fue por casualidad. Recuerdo que era la novela Metafísica de los tubos (Anagrama. 2001), ya de entrada el título me parecía pedante, me imaginaba un rollo existencial inaguantable, para colmo, ¡ojo! En la tapa, había un cintillo que ponen las editoriales a manera de promo, en la que rezaba: que había recibido un premio del público, ufff, más miedo aún, ya que coincidir con el gran público es peligroso a veces… pensad en los tochos de libros que ahora se venden como churros que hablan de conspiraciones, catedrales y no sé qué más historias, pero, cuál sería mi sorpresa que el libro comienza a engancharme. Nothomb apuesta en su mayoría por los tintes autobiográficos y lo hace de una manera extraordinaria, llegando a retratar el ego infantil como nadie. Solo he leído 4 de sus 9 novelas que han sido traducidas al español, ya que me lo tomo con calma, son breves, digeribles con rapidez y ciertamente divertidas.
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Imágen de la utora a manera de samurai.
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Su grafomanía no llega a la de Aira pero no es nada despreciable: tres libros escribe por año de los que solo, publica uno, computando hasta ahora unos 58 escritos. Según dice, escribe 4 horas diarias y lee unas 4 más luego, su avidez del mundo queda descrita muy bien en sus novelas, reflejada en el apetito, que no es más que deseo por el alimento material o inmaterial. Biografía del hambre (Anagrama, 2006) así lo constata. El hambre es el hilo conductor de su autobiográfica narración, salpicada siempre por pasajes interesantes referentes a los lugares en los que ha vivido (su padre era diplomático), nacida en Japón, país en el que reside hasta tempranísima edad, luego se mudan a Pekín, Bangladesh, Nueva York…

En 1999 publica Estupor y temblores (Anagrama, 2004) quien recibiera el Gran Premio de Novela de la Academia Francesa en 1999, y que más adelante fuera llevada al cine por Alain Corneau (2003). En esta brevísima novela, la autora relata su paso por una empresa multinacional en Tokio, impresionante descripción de la cultura nipona contemporánea, llena de contradicciones y riqueza, y mucho más asombroso las anécdotas autobiográficas con las que la sazona: ¿quién ha podido olvidar a la Amélie limpiando los váter de la empresa, a manera de castigo disciplinar cercano a la milicia? A todas éstas le antecede la breve Cosmética del enemigo (Anagrama, 2003) que me resultó irritante, no por su manejo del absurdo in extremis, sino que pareciera que se le va de las manos, que a uno le es imposible conectar ni crear empatía alguna con ninguno de los dos personajes.

Esta escritora es un bestsellers y es curioso ya convenza tanto a la crítica (que en Francia suele ser muy rigurosa) como a un público gigantesco. El diario Le Figaro realizó una encuesta entre 35 críticos literarios, quedando elegida por todos ellos como su escritor/a favorito de edad inferior a 40 años.

Su estilo es extravagante, mordaz, imaginativo, irreverente, juega con el artificio, pero a la vez se conjuga muy bien con el uso del lenguaje preciso y es indudable, que su literatura posee un mundo propio que ya puede adivinarse en sus páginas sin necesidad de ver quién lo firma.
Para terminar os dejo un fragmento en donde la utora se autorretrata en su niñez o pubertad, que parece en:
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Biografía del hambre (fragmento)

Estaba extraordinariamente mal hecha. Unas fotografías en la playa así lo atestiguan: una cabeza enorme sobre unos hombros débiles, brazos demasiado largos, un tronco excesivamente grande, unas piernas minúsculas, enclenques y patizambas, el pecho hundido, el vientre hinchado y proyectado hacia delante a causa de una dramática escoliosis, la desproporción reinando como dueña y señora: parecía una anormal.

Me daba lo mismo. Nishio-San [su aya] decía que era muy hermosa, con eso me bastaba. En casa vivía atiborrada de belleza humana gracias al espectáculo de mi madre y de mi hermana. Mamá era un esplendor conocido, una religión revelada a la luz de las masas. Me quedaba boquiabierta ante ella como ante una estatua, pero me cebaba todavía más con la hermosura de Juliette, que me resultaba más accesible. Dos años mayor que yo, una encantadora cabecita sobre un cuerpo delicado, fino, con cabellos de hada y expresiones de una frescura desgarradoras, llevaba a la perfección su nombre de niña fatal.

Consumir belleza no la alteraba: miraba a mi madre durante horas, podía devorar con los ojos a mi hermana sin que le faltara ningún trozo. Lo mismo ocurría con el placer de contemplar las montañas, los bosques, el cielo y la tierra.

lunes, 28 de abril de 2008

Espejos de la memoria 6- La total desnudez de Nan Goldin

Autorretrato en rojo.

La reconocida fotógrafa Nan Goldin ( Washington D.C., 1953) ha trabajado desde hace años en el retrato de seres anónimos y cercanos a la artista, como una suerte de biografía a través de las imágenes. Desde que se mudó a Europa ha trabajado como profesora en la universidad de Yale y confiesa su asombro al comparar su época de estudiante, en la que ni sus compañeros ni ella pensaban hacer dinero con el arte, "Ahora a los estudiantes que enseño... solo quieren saber en qué galería pueden ayudarles para exponer. Apenas se gradúan, van directo a exponer a las grandes galerías".

Su obra se me antoja como una antropología cultural cercana, en la que la artista siente la necesidad de involucrarse con su sujeto retratado. Ella reniega del retrato único, al punto de haber fotografiado a sus modelos por más de 20 años, siendo solo la continuidad la manera con que cree reflejar enteramente a sus personajes, convirtiéndose su trabajo en una narración. Sus amores, amantes, amigos, padres han sido constantes en sus temáticas, en los que hurga con una inquietante, y a veces desesperada, motivación en los roles de género que mujeres y hombres solemos cumplir, a la vez que se construye un diario de trasfondo muy urbano. Ello lo lleva más allá, en su trabajo de La Balada de la dependencia sexual, imágenes presentadas en slideshows (a manera de película) en la que las parejas y sus relaciones se exponen al desnudo.

Autorretrato en mi habitación.

Su trabajo huye de la perfección, no manipula ninguna de sus fotos, no le interesa la belleza como tópico, si hay o no luz, si quedan borrosas... las vidas de la gente, el momento, es lo que ella le interesa retratar y están allí, así la luz no les favorezca. Sus escenarios se nos revelan cercanos, gente común en las que a veces nos vemos, es como salir a la calle, y entonces aparecen en sus fotos personas haciendo el amor, riendo en un modesto apartamento junto con amigos, un moretón en una pierna, una cicatriz de embarazo... Pero Goldin reconoce que otros artistas (de otras disciplinas, eso sí) ya habían utilizado algunas de su formas recurrentes: "Pasoloni utilizó a jóvenes de la calle que él amaba y deseaba. Fassbinder utilizó sólo a gente que conocía. Cassavetes utilizó la misma gente una y otra vez, así que no soy la primera que hace esto".

La artista confiesa haber estado muy influenciada por el cine, ya que mientras no iba al instituto iba a ver películas dos o tres veces por día. Pero más allá del cine clásico de los años 40 y 50, que devoró, dice que el cine de Fassbinder y Kieslowski han sido un referente para su trabajo. Ha incursionado en el cine, realizando para BBC de Londres un documental, autobiográfico, I'll Be Your Mirror (Seré tu espejo).

Simon y Jessica en la piscina.

Seleccioné un par de autorretratos del artista, uno en rojo, saturado, que com muchos otros que ella ha realizado tienden a disolverse en un desenfoque, o bien el otro, una Goldin sexual, de melena alborotada y semidesnuda en la intimidad de su habitación. Por otro lado escogí un grupo de fotos (entre otras) de su serie de 17 fotografías: Portfolio Cookie Mueller (1976), su amiga quien fue actriz de varias películas de John Waters, en el que deja registro de su relación con ella, de la boda de Cookie, de ella con su hijo, de la muerte del marido y luego la de ésta, en la que lejos del pudor se atreve a retratarlos en su propia urna, como también lo hiciera el fotógrafo japonés (con quien a veces la han comparado) Nobuyoshi Araki con su madre y su esposa, retratándolas en la enfermedad y luego en su muerte. Es tan brutal, potente como tierna, la foto que tomó del delgadísimo y solitario brazo entre las sábanas de un amigo enfermo de sida: Gilles arm. La artista se ha atrevido a retratar sin patetismo muchos temas tabú para nuestra sociedad: la muerte, la enfermedad, la sexualidad y sus diversas identidades...

Jabalowe durmiendo debajo del mosquitero.

Goldin reflejó como nadie el espíritu de los 80 del cual se nutrió y vivió intensamentea. Su mayor valor es la desnudez que otorga a sus retratos. En su trabajo abraza a la vida en todo su esplendor y horror por igual, aunque buena parte de sus fotos enfatiza en el dolor, la soledad, la enfermedad, las relaciones y lo cotidiano, su más reciente trabajo se deja sentir menos doloroso, se abre paso al mundo exterior a través de los paisajes y se nota cierta calma en sus retratos, que continúan explorando la intimidad y la sexualidad. Pueden verse en la página de la galería www.yvon-lambert.com

Portfolio Cookie Mueller.

Imágenes: © Nan Goldin

domingo, 20 de abril de 2008

Espejos de la memoria 5- El dulce encanto de los 18

Sorprende cuando uno bucea por internet y uno se encuentra con una gran cantidad de gente que hace cosas verdaderamente buenas. En el portal Devianart he hallado montones, mientras andaba en mi búsqueda de autorretratos. Muchas de ellas jovencísimas, apenas si tienen 18 años, como Duhitsmia (su nik en el portal), norteamericana, que reside en el estado de Maine.

Me topé, como apunté antes, con muchos trabajos buenos de chicas, pero quise comenzar mostrando el de Duhitsmia, porque posee una frescura, energía y alegría que me traen a la cabeza el ideal de estar joven (porque también me he encontrado con otras más oscuras e igualmente buenas). Celebro de su trabajo su sentido del humor, sus ganas de reírse, su celebración de la vida en cada foto.
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No en balde tiene como autorretrato de presentación del portal (de los cientos que tiene) este que publico de primero, en la que aparece rodeada de gominolas de colores. Me complace todo lo que deja ver en sus juegos de retratos en lo que aparece la planta de su pie, su nostalgia por las amigas y el amor por su novio. Igual hay una búsqueda formal clara y sorprendente, encuadres colores, temas.



Un retrato de la juventud, en cierta forma y sus fotos invitan a sonreír desde la adolescencia.


Imágenes: ©Duhitsmia

jueves, 17 de abril de 2008

Espejos de la memoria 4- Graciela Iturbide, Premio Hasselblad 2008

Ojos para volar (1991).
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Recientemente acaba de otorgársele a la fotógrafa mexicana Graciela Iturbide (Ciudad de México, 1942), el Premio Hasselblad 2008, que otorga el prestigioso centro Hasselblad, argumentando que Iturbide era "una de las fotógrafas más importantes e influyentes de Latinoamérica" en los últimos 40 años y que había alcanzado con sus imágenes “una potencia y belleza visuales únicas”.
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Ciertamente, su fotografía, en la que predomina el blanco y negro, se llena de un misterio y de una belleza que roza lo irreal a veces, lo fantasmal. Ha fotografiado con vehemencia los ritos y cotidianidad de la cultura de México y de otros países. Al ver su trabajo uno entra en una dimensión más profunda, que nos habla de símbolos y nexos de la tierra y el hombre.
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Os dejo un par de autorretratos de la fotógrafa, uno temprano (1977) que nos muestra una Graciela semidesnuda tapada por gasas en una quietud que está a punto de saltar, la otra, Ojos para Volar (1991), más reciente, en la que dos objetos como pájaros se posan en los ojos de ella, como metáfora de su trabajo.La otra foto, México D.F (1969), impresiona este retrato en donde la mujer se asemeja tanto al mural que está detrás, y su expresionismo me trae a la cabeza El Grito, de Munch. La otra foto, Las chismosas (1986) queda atrapado un momento que pareciera estar uno irrumpiendo en esta conversación.
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México D.F. (1969).
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Nos alegramos con este reconocimiento merecido, que en algún momento también recibieron fotógrafas como Cindy Sherman (1999) y Nan Goldin (2007). El galardón le será entregado el 25 de octubre en una ceremonia en Gotemburgo.
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Las Chismosa (1986).

Link de fotos: alkek.library.txstate.edu
Imágenes: © Graciela Iturbide

lunes, 14 de abril de 2008

Espejos de la Memoria 3: Luciana Martinez de la Rosa

Tiendo a ver el lado sensual de la vida y de la gente.
Luciana Martinez de la Rosa
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La artista de origen inglés: Lulu, Luciana Martinez De La Rosa (1848-1995) dedicó gran parte de su obra a la pintura, a los retratos específicamente, los cuales se impregnan del pop en el más puro aire de la década de los 80. Parte de su círculo, en el que la noche era el espacio por antonomasia, lo compartían, entre muchos otros, la archiduquesa Francesca von Habsburg, quien hoy en día posee la colección Thyssen-Bornemisza Art Contemporary, el diseñador de moda Jasper Conran, el director de cine Nicolas Roeg, o el emblemático cantante Boy George, quien fuese fotografiado por la prensa junto con ella, en la que aparece en un fantástico toppless, símbolo del que ella se apropió para asistir a fiestas y eventos.


Diseñadora de ropa, vídeo artista, performancista constante, Martinez de la rosa realizó, además, para la película Jubileo (1977), de Derek Jarman, un cameo a la vez que fungió como coordinadora de vestuario. Le encantaba vestirse, de vez en cuando, un poco a lo Frida Kahlo, con enormes rosas en el cabello y blusas de tejidos folk. Hace retratos claramente inspirados en otros famosos, como Ingres o como su autorretrato con su gato Big Puss (algo así como Gran Chocho), que recuerda aquel otro hermoso de Frida con sus pájaros y su mono o el famoso retrato realizado a la duquesa Gabrielle d'Estrées y su hermana, en la que posan con el torso desnudo, mientras una toca el pezón de la otra.

Lulu afirmaba que su apellido se debía a un antepasado español, famoso mercenario que participó en la invasión de Nápoles (su madre era de allí), conocido como el capitán Pepe, el Mallorquín. Pero más allá de los posibles fantaseos por un pasado atípico, formó parte del programa Artist in residence, apareciendo ella en la portada de algunos de los libros dedicados a los artistas de dicho programa; se erigió como reina de la noche, favorita de muchos artistas e icono del underground, años más tarde, como es frecuente, Luciana se dedicó de lleno a los retratos y a una vida más tranquila.


La sensualidad de sus pinturas se deja respirar en sus palabras, que recogen una suerte de Ars pictórica: Amo pintar, amo el color, amo pintar la carne. Pintar retratos es una experiencia muy intensa para mí, física y espiritualmente. Como un affaire amoroso.


Imágenes: Duggie Fields

domingo, 30 de marzo de 2008

Espejos de la Memoria: 2- Rafaela Baroni

(Para verlas en mayor tamaño, pincha en las imágenes)

Muchas son las artistas que pueden formar parte de mi serie Espejos de la memoria, basada en autorretratos de mujeres artistas y escritoras. Hace un par de días, vi una película en la que alguien sufría un ataque de catalepsia, entonces recordé, inmediatamente, a Rafaela Baroni, venezolana, de Trujillo (La Mesa de Esnujaque, Andes venezolanos), artista popular o naif, que realiza, en su mayoría, tallas en madera y que tiene más de 30 años de trayectoria.


Toda la vida ha vivido en su pueblo, del cual ha salido solo una vez para ser internada en un psiquiátrico. Recuerdo que la vi por primera vez en un programa de televisión, cuando era yo adolescente. Decía, el periodista, que Rafaela había sufrido un par de ataques de catalepsia y que había sido velada en esas dos ocasiones. Es de esperarse, que su relación con la muerte, sea cercana. Como toda una performancista de vanguardia, la artista escenifica su muerte cada Viernes Santo, acostándose en una urna que ella misma ha creado. Lleva el cabello largísimo, es delgada y posee una mirada potente.
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Baroni afirma que comienza a dedicarse a la talla luego de que perdiera la vista dos veces, a causa de una crisis nerviosa. La Virgen, su curadora, quien se le aparece en esos sueños, la visita una vez más y le pide que haga tallas que la represente, para propagar la fe mariana. Es así como se inicia como artista y, con esa misma relación con lo divino, vive el día a día.

El escritor argentino Sergio Chejfec, quien viviera en Venezuela unos 10 años, ha publicado una novela, titulada: Baroni: Un viaje (Alfaguara, 2007) en la que ella se convierte en eje de un viaje hacia parte del imaginario venezolano, viaje que realiza a través de una de una sus artistas populares más destacadas. Chejfec anota en su blog: Baroni es un personaje importante en la cultura venezolana de estas décadas, en gran medida porque actualiza y trastorna un mito perenne, el del artista autoconstituido, a través de cuya obra se produce una negociación de significados entre el mundo rural y el mundo así llamado moderno.

Sus vírgenes y arcángeles son representación de ella misma, delgada, pelo largo negrísimo, pero también posee piezas en las que se autorretrata abiertamente, como la talla de La Mujer crucificada, que tanto impresionó a Chejfec en su viaje hacia Baroni y que él prefiere llamarla: La Mujer en la cruz. Ciertamente, la mujer, aunque atada a una cruz, no lleva los signos terribles de una crucifixión y, ahí está ella, con un hermoso vestido rosa que deja ver parte de sus piernas, maquillada coquetamente,
y un loro, detrás que la acompaña.

Más allá de la fuerza que encierran estos artistas, que hacen de su vida parte de su creación, como Frida Kahlo, Baroni imprime en sus tallas esa misma fuerza, sin olvidar la armonía en la composición, que abarca desde los colores hasta los finos detalles con los que culmina sus tallas, vírgenes y ángeles, con uñas pintadas de rojo al igual que los labios, pero no por ello menos místicas, ya que el rictus en sus rostros expresan cierta solemnidad y bondad según el caso.

Rafaela aún vive en Esnujaque, y teje sorprendentes amuletos sin agujas, pinta, organiza fiestas tradicionales, imparte talleres dentro de su comunidad y ha hecho de su casa un museo que lleva por nombre: el Museo del Espejo.